A Chris Cornell sólo tuve la oportunidad de verlo actuar en vivo una vez. Fue precisamente en mayo pero de 2013 cuando vino junto a Soundgarden al Palacio de los Deportes de la Ciudad de México como parte de la gira que realizaron para promocionar su álbum King Animal (2012). El show fue maravilloso, uno de los mejores a los que he tenido oportunidad de asistir por el simple hecho de escuchar temas como Spoonman o Jesus Christ Pose perfectamente interpretadas, con el talento y energía que tanto caracterizó a esa banda.

Por ello -y por muchas razones más-, tal y como sucedió con David Bowie o Scott Weiland; su muerte me llegó como un balde de agua fría. Creo que nunca olvidaré mi reacción al despertar la mañana de ese trágico jueves cuando tomé mi teléfono celular y leí las noticias y comentarios de algunos amigos al respecto; fue un gran sentimiento de tristeza que arruinó ese día por completo y que ha persistido y crecido cada vez que escucho alguna de sus canciones, ya sea de Temple of the Dog, Soundgarden, Audioslave o de su carrera en solitario.

Ya he perdido la cuenta de las veces que he escuchado I Am the Highway, y en cada una de ellas siempre se forma un nudo en mi garganta al saber que la persona que escribió junto a sus compañeros de Audioslave y dio voz a esa hermosa y melancólica canción ya no forma parte de este mundo. “¿Por qué?”, es la pregunta más común que continúo formulándome; “¿qué lo llevó a tomar tal decisión?”. No hay respuestas obvias a ninguna de ambas cuestiones, y aún si las hubiera, seguramente no terminaría de aceptarlas.

No sólo murió una de las últimas grandes figuras sobrevivientes del movimiento grunge -una de las cuatro más importantes, sin duda alguna-, también lo hizo uno de los letristas más prolíficos y talentosos que han existido en la historia del rock, uno que creó canciones de enorme calidad destinadas a convertirse en himnos de varias generaciones; Black Hole Sun, Outshined y Fell On Black Days para quienes crecieron durante la década de 1990; Like A Stone, Show Me How To Live y Doesn’t Remind Me para los que lo hicieron durante los dosmiles.

Decidió abandonarnos una de las voces más poderosas e impactantes de todos los tiempos, de esas pocas que lo mismo podían cantar de forma solemne, casi como si se tratara de un susurro, y de un momento a otro explotar por completo en gritos que erizan cada centímetro de nuestro cuerpo. Es por todo ello que su deceso resulta en especial doloroso para quienes admiramos su trabajo, incluyendo a una gran cantidad de músicos consagrados de diferentes géneros, como Jimmy Page (guitarrista de Led Zeppelin) o Elton John.

Basta buscar en YouTube los tributos que le han rendido varias bandas de rock como U2, Stone Sour, Red Hot Chili Peppers, Incubus y Megadeth para darse cuenta de la influencia que Cornell logró con su trabajo a lo largo de casi 30 años de trayectoria. Tres décadas durante los cuales cayó en varias adicciones de drogas y alcohol -que luego de mucho esfuerzo pudo superar- y una depresión que en apariencia había aprendido a sobrellevar, pero la cual -según los reportes oficiales emitidos hasta la fecha- fue la causante de su suicidio.

Partió justo el mismo día y en la misma forma que Ian Curtis lo hiciera 37 años antes, decidió seguir una muy trágica tradición que sus contemporáneos Kurt Cobain, Andrew Wood y Layne Staley forjaron. Sólo él supo las razones que lo motivaron a quitarse la vida, pero cualesquiera que hayan sido, no importan más; lo único que importa es que uno de los artistas más importantes de las últimas décadas ya no está entre nosotros, pero su legado sí y es nuestro deber honrarlo y difundirlo en toda oportunidad.

Hasta siempre, Chris. Gracias por tu increíble talento.

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