Howard Phillips Lovecraft  es un escritor clásico; y no es sólo por el hecho  de que su obra se ha vuelto imperdible y de culto en el mundo  de la literatura fantástica y de horror, sino que es un clásico por sí mismo y por su historia. Si uno se pone a pensar en la fórmula o en la constante que han tenido los grandes de la creación en el mundo del arte, seguramente lo primero que se nos viene a la mente es decir: una vida trágica, personalidad excéntrica, cultura amplia, serios problemas personales y un talento natural o forzado en su área.

Y así fue, Lovecraft cumplió con la formula, aunque hay que decir que la tragedia en su vida no fue tanta como para satisfacer a las novelas populares contemporáneas, pero fue suficiente para crearle una personalidad aislada, insegura y xenófoba al menos hasta sus primeros años de adultez.

Fue un niño inteligente, de gran criterio y con una imaginación bastante amplia, su estilo narrativo es muy natural y nada forzado a pesar de que fue un fiel admirador de Edgar Allan Poe  y que en sus primeros años de escritor intentó imitarlo de manera obsesiva, cosa que no logró pero si le funcionó para forjar un estilo propio y muy limpio.

Imagen extraída de: http://www.eraseunavezqueseera.com/
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Tenía la habilidad de llevarte por mundos oníricos, oscuros y cósmicos como si fueran la cosa más normal del mundo, además de ser uno de los pocos que no usaba el recurso de títulos pretenciosos para llamar la atención del lector, por lo que de repente estás leyendo cierta historia sobre un pueblo a la orilla del mar y cuando menos te lo esperas, ya estás leyendo cosas turbias sobre entes que no deberían estar ahí (en muchos casos los entes que no deberían estar ahí son los humanos).

Sobre su estilo, a mí me gusta imaginar situaciones de un infantil Lovecraft donde su madre está dándole de comer y éste discute con ella por no querer comerse las verduras; entonces, Susan, su madre, le dice que se las debe comer porque es por su bien y él insiste que son malas, ella se cansa de la discusión y decide razonar con el muchacho:

Susan: ¿Por qué no quieres comerte las verduras, Howard?

Howard: Es por el color verde, madre. –Lovecraft fue un niño muy propio y sobreprotegido-

Susan: ¿El color verde?

Howard: Sí, el color verde la tierra. -Así de normales y poco pretenciosos son los títulos del autor-

Susan: La tierra no es verde, Howard. Deja de jugar y comete las verduras, por favor.

Howard: Precisamente, madre. ¿No te has dado cuenta que la tierra no tiene color verde? ¿Cómo es posible que las cosas que nacen de ella adquieran un color que es diferente? Tú y yo no lo preguntamos nunca porque cuando llegamos las verduras ya estaban aquí y la tierra también y el aire, el agua y demás cosas del mundo, pero ¿qué le da ése color a las verduras? No te has preguntado que el verde de la tierra sea algo más allá, algo dentro de ella que está fuera de nuestra comprensión y que ha vivido siempre aquí, haciéndose presente en el color de las verduras, viviendo en un mundo bajo nosotros, oscuro y agusanado con garras como las de los topos y que de su piel excreta ése color verde que se le pega a las plantas y a las verduras que comemos ¿cómo sabemos que no es así madre? Es por eso que no quiero comerme las verduras.

Susan: Entonces comete las zanahorias

Howard: No quiero hablar del color de las zanahorias, el color naranja de la tierra puede tener orígenes más grotescos.

Susan: Pues si no te comes las verduras no sales a jugar y hablas puras tonterías, escuincle. –En mi situación imaginaria, la madre de Lovecraft le dice escuincle aunque sea un término muy mexicano-

Entonces, el infante se quedaba encerrado en casa de su abuelo y su mayor distracción serían los libros; un día normal en la vida de H. P. Lovecraft.

Imagen extraída de: http://www.cthulhujewellery.com/
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Aunque lo anterior es una representación creada para explicar de manera entretenida el estilo de Lovecraft, es cierto que pasó la mayor parte de su infancia en casa devorando libros, la mayoría de ellos uno o dos siglos anteriores a su época por lo que creció con ideales muy arraigados pero fuera de su tiempo.

Su madre, como lo mencioné antes, lo sobreprotegió y creían que su aislamiento era producto de una debilidad de carácter por causa de ello; sin embargo, Susan era un conjunto del bien  y el mal, así como amaba al niño lo odiaba ya que le guardó profundo rencor porque le recordaba a su esposo Winfield Scott, quien murió cuando Howard tenía 8 años por consecuencia de la sífilis que padecía.

Imagen extraída de: www.taringa.net
Imagen extraída de: www.taringa.net

A pesar de que el universo de Lovecraft  está lleno de seres que podrían considerarse dioses, el escritor se declaró ateo desde los 5 años de edad y no abandonó esa idea en toda su vida.

Después de su muerte, sus amigos y admiradores  Donald Wandrei y August Derleth, recopilaron sus cuentos inéditos y fundaron la editorial Arkham House, bajo la cual publicaron los cuentos; el nombre Arkham -que actualmente es más reconocido gracias a Batman-, es en realidad una ciudad creada por Lovecraft.

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