Todos hemos disfrutado en varias ocasiones de una buena lectura que nos atrapa por completo y de inmediato nos transporta mágicamente a aquellos mundos creados a través de la historia por los máximos exponentes de la literatura universal; lecturas que además nos permiten sentir de forma única toda una gama de emociones. Sin embargo,  ¿en cuántos de nosotros ha nacido la curiosidad por saber qué originó dichas historias?

Anécdotas de todo tipo han afectado en mayor o menor grado las vidas de nuestros autores favoritos, y éstas les han servido de ayuda para poner a trabajar sus mentes y así dar vida a novelas, cuentos y demás relatos destinados a traspasar la barrera del tiempo. Una de las más interesantes, es sin lugar a dudas la que inspiró a Mary Shelley a escribir su obra más reconocida: Frankenstein; o el Moderno Prometeo.

Vía: Doullbooks

Corría el verano de 1816, uno en extremo peculiar puesto que no hubo tal -no por nada se le conoció como “el año sin verano”-; el clima era frío y lluvioso a causa de una erupción del Monte Tambora un año antes. En medio de esa atmósfera tan melancólica, Mary Shelley y su futuro esposo, Percy Bysshe Shelley, viajaron a Villa Diodati en Suiza, una mansión que la pareja, el poeta Lord Byron y otros autores de la época utilizaban como lugar de veraneo.

Debido a las condiciones climatológicas, las actividades de este grupo se vieron afectadas, e incluso se vieron forzados a una especie de confinamiento dentro de la mansión, donde pasaron la mayor parte del tiempo conversando, leyendo poesía y contando historias alemanas de fantasmas. Fue precisamente esto último lo que originó en Lord Byron la idea de un reto para que los ahí presentes escribieran su propio relato de fantasmas.

Vía: The American Reader

En un principio, Mary Shelley no hallaba la inspiración suficiente para crear su historia y ello le llenaba de nerviosismo; sin embargo, luego de una plática que sostuvo con el propio Byron acerca de la naturaleza del principio de la vida y de experimentos realizados por Erasmus Darwin para dar vida a materia muerta por medio de cargas eléctricas, provocó en ella tal efecto que le llevó a soñar acerca de un hombre quien daba vida a un ente que creado a partir de restos de otras personas muertas.

“Vi -con los ojos cerrados, pero visión mental aguda- al pálido estudiante de artes impías arrodillado junto a la cosa que había construido. Vi el horrible fantasma de un hombre extendido, y luego, al activar algún poderoso motor, muestra signos de vida, y se agita con un movimiento incómodo (…) Su éxito aterrorizaría al artista; quien correría lejos de su obra odiosa, horrorizado. Él esperaría que, abandonada a sí misma, la leve chispa de la vida que había recibido dicha animación imperfecta, disminuyera hasta ser materia muerta; y él pudiera dormir con la creencia de que el silencio de la tumba apagaría para siempre la existencia transitoria del cadáver horrible que había considerado como la cuna de la vida (…)”

Vía: Blogspot

Tras dicho y revelador episodio, Shelley comenzaría a trabajar en su novela el 16 de junio de 1846, la cual debió suspender por algunos inconvenientes; no obstante, el 10 de abril de 1817 Frankenstein fue terminada y tras un largo periodo de revisiones y demás trámites, publicada por primera vez el 11 de marzo de 1818 como una obra anónima.

Fuentes: crossref-it, Frankenstein (Prólogo)

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