Para 1966, The Beatles atravesaban por un periodo complicado, al menos en lo que respecta a sus apariciones en vivo. Conforme pasaba el tiempo, el grupo -en especial John Lennon, como era de esperarse- se sentía menos cómodo sobre los escenarios pues pensaban que sus presentaciones se habían convertido en meros espectáculos donde los asistentes iban únicamente a verlos y gritar eufóricos sin prestar la más mínima atención a las canciones que interpretaban.

Ello comenzó a tener severas repercusiones en su desempeño, lo cual quedó expuesto cuando ofrecieron una serie de conciertos en la arena Nippon Budokan de Japón, pues al presentarse ante un público más conservador y mucho menos ruidoso, pudieron escuchar el bajo nivel interpretativo al que habían llegado. A esto, se sumaron algunas controversias de consideración, como el bien conocido comentario de Lennon afirmando que The Beatles eran más populares que Jesucristo, lo cual generó varios ataques hacia su música.

Todo eso terminó por causar una tremenda fatiga en el grupo y los llevó a tomar la decisión de no ofrecer más conciertos. No obstante, el talento del cuarteto de Liverpool seguía intacto en los estudios de grabación, prueba de ello fue el lanzamiento de su álbum Revolver, el cual ya reflejaba una clara evolución musical por parte de cada uno de los integrantes del grupo, así como su interés por experimentar con nuevos estilos que se adaptaran no sólo a las tendencias culturales de la época, sino a sus propios intereses.

John, Paul, George y Ringo decidieron tomarse un tiempo para llevar a cabo algunos proyectos personales; por ejemplo, Lennon participó en la película How I Won the War, mientras que Harrison decidió viajar a la India para estudiar la cítara con su gran amigo y maestro Ravi Shankar. Cada una de esas vivencias les permitiría refrescar su lado creativo y así llegar con propuestas novedosas cuando volvieron a reunirse a finales de 1966 para comenzar las grabaciones del que sería su octava producción discográfica.

Y así fue que en noviembre de dicho año los cuatro músicos volvieron a entrar al estudio de grabación, acompañados de su inseparable productor George Martin, para dar vida a la que sería considerada su obra maestra. Pero antes de ello decidieron dar a conocer un par de sencillos muy importantes para su situación en aquellos momentos pues además de dar un vistazo a lo que preparaban, también fueron fundamentales para comprender el trabajo que mostraron algunos meses después.

Tales canciones fueron Strawberry Fields Forever y Penny Lane; la primera compuesta por John Lennon y la segunda por Paul McCartney, ambas con letras que hablan sobre lugares clave en la infancia y adolescencia de los músicos. Ninguna de las dos llegó al número uno de las listas de popularidad británicas, algo que jamás había sucedido, pero lejos de tomarlo como una situación negativa les ayudó a comprender que no estaban atados a componer éxitos sino que podían darse el lujo de experimentar a plenitud y dar vida a todo lo que estaba en sus mentes.

Y vaya que tenían pensado realizar algo muy extraño, al menos Paul, quien gracias a una canción que había escrito titulada Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, planteó la idea de inventar un grupo ficticio que diera vida al nuevo álbum. Al resto de los integrantes les encantó el concepto y comenzaron a trabajar sobre él con una libertad y creatividad que no se habían permitido en sus anteriores trabajos; tal como lo mencionó el propio George Martin: “En EMI nadie se atrevía a criticar lo que hacíamos (…) En más de una ocasión me plantee si no estaríamos pecando de complacientes y pretenciosos”.

Fueron cinco meses de arduo trabajo los que necesitó el cuarteto de Liverpool para crear un trabajo magistral en todo sentido, repleto de matices que se reflejaron en la propia selección de canciones -pues lo mismo podemos escuchar un rock estridente (Sgt. Pepper’s…), una oda a la psicodelia (Within You Without You) o una balada llena de melancolía (She’s Leaving Home)- e incluso en la portada del álbum al presentar una mezcla de personalidades que van desde actores y actrices hasta gurús y ocultistas.

Trece canciones en total integraron este trabajo donde el grupo supo explotar al máximo los recursos a su alcance y experimentar con nuevas técnicas de grabación con el fin de dar vida a una obra que se diferenciara de todo lo hecho hasta ese entonces y de una vez por todas decir al mundo: “Atrás quedó la banda de jóvenes bien vestidos que se presentaba ante miles de personas eufóricas. Estos somos nosotros de ahora en adelante, hemos madurado y no tenemos ningún temor a hacer lo que se nos ocurra, aunque no sea bien aceptado”.

El resultado fue simplemente espectacular y marcó una pauta tan grande para la industria musical y para la cultura popular de la época que incluso hoy, a 50 años de haberse publicado por primera vez, continúa siendo una pieza clave en la historia del arte. Lo que siguió ya es tema aparte, el final de la mejor banda de todos los tiempos no estaba muy lejos pero ya habrá tiempo para hablar sobre ello en otra ocasión. Ahora, los invito a que escuchen en su totalidad el Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band y descubran el porqué de su importancia.

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