Más allá del placer y los beneficios en la salud que la música nos puede ofrecer, nuestra sociedad se las ha ingeniado a lo largo de los años para mantenerla presente en muchas situaciones de la vida.

Definitivamente, no es novedad que la música y la guerra han estado ligadas y se hacen compañía mutua desde tiempos inmemorables; y así como motiva, inspira y ayuda a la relajación de los soldados, se le ha dado otros usos que tal vez no habrían cruzado por tu mente y que a continuación enlisto.

Como arma auditiva

No, este comportamiento no es exclusivo de la imaginación de algún alocado productor de cine. Por ejemplo, se ha comprobado por historiadores que las Óperas de Wagner eran un gusto que tenía Hitler, por lo que los nazis las utilizaban para hacer propaganda y las empleaban como método de tortura en los campos de concentración, reproduciéndolas una y otra vez.

Por otro lado, a finales de 2004 los marines estadounidenses se presentaron ante los iraquíes con bocinas mientras sonaban melodías como Hell’s Bells de AC/DC, utilizándolas como “bombas de humo” para desorientar a su enemigo y ganar cierta ventaja.

El rock torturando

Durante la Guerra de Corea en los años 50, los norcoreanos y chinos utilizaban el rock contra los prisioneros norteamericanos para intentar eliminar sus sentidos —visión, tacto y demás—, de modo que terminaran aislados de su entorno físico y mental. Literalmente buscaban dejar al individuo torturado en estado casi vegetal hasta suplicar que bajaran el volumen.

Foto: Laika

Los muchachos de la CIA (Agencia Central de Inteligencia por sus siglas en inglés), nada tontos empezaron a observar los efectos para realizar sus propios experimentos. Así, crearon un manual completo del uso de la música para tortura por medio de la manipulación de ritmos, voces y letras.

Años más tarde, durante la Guerra de Vietnam, se utilizaron altavoces colocados en helicópteros que llevaban el rock a todo volumen como guerra contracultural, emitiendo también sonidos espeluznantes y cantos fúnebres, pues los vietnamitas pensaban que si morían fuera de su hora su alma quedaría errante.

Método de confesión

Por último, aunque no lo creas, también se ha comprobado que diversas pistas musicales,   —como la de Plaza Sésamo— se reproducen constantemente en los interrogatorios hasta causar shocks y lograr que los prisioneros confiesen lo deseado.  

Imagen: Quinta Columna

Así que sí, la música va más allá del placer, los beneficios en la salud y la satisfacción de bailar al ritmo de tu melodía favorita. Si se buscan otros fines puede lograr cosas perversas y tener consecuencias muy negativas en cualquier persona que la escuche. Pero no te quedes con lo que yo te digo, cuéntanos qué otros usos negativos encuentras para este bello arte y no dudes en contarnos.

Fuentes: La Jornada, Pablo Adán, RTVE.

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