La semana pasada acompañe a mi hermana a un taller de rock, en donde músicos reconocidos darían clases de guitarra, bajo, batería y voz. La cosa es que terminó siendo más bien una “platica” donde el público hacia preguntas sobre técnica y la  trayectoria de los músicos que se presentaban. Pero hubo algo que me empezó a hacer mucho ruido, no había ninguna mujer en el escenario hablando del tema y peor aún NINGUNA MUJER PREGUNTABA. Yo realmente sólo iba de oyente, pero éso me comenzó a conflictuar tanto que le exprese a mi hermana mi inquietud.

Justo en ese momento el moderador, que parecía darse cuenta de lo mismos que yo, preguntó “¿y dónde están las preguntas de las mujeres? ¿acaso no tienen dudas?” y por arte de magia varias chicas alzaron la mano y en vez de sentirme aliviada comencé a sentir un conflicto mayor, ¿por qué? porque pareciera que las mujeres estuvieran esperando a que les dieran permiso para poder preguntar, pues a partir de ese momento varias comenzaron a participar.

La cosa es que después de salir de ahí me quede pensando en cómo muchas mujeres tenemos un chip incrustado inconscientemente en la cabeza en la que se nos hace normal que los hombres tengan la batuta. Es momento de que lo saquemos de nuestra cabeza y comencemos a tomar los espacios que nos corresponden sin pedir permiso. Ya sea en el trabajo, en la  casa, en el sexo, en platicas… Ojo, con esto no quiero decir que ahora nosotras debemos monopolizar las cosas o situaciones, simplemente tanto hombres como mujeres tenemos los mismos derechos para opinar, decidir, actuar sin esperar que nos autoricen.

Muchas veces ni siquiera es que alguien nos censuren, como en el caso de las preguntas, a veces simplemente somos nosotras mismas las que lo hacemos. Chicas, dejemos de autosabotearnos ya bastante tenemos con las personas que nos prefieren quietas, callada y sumisas  y creamos en nosotras mismas, en nuestros sueños, deseos, opiniones, ideales y no seamos nuestras propias enemigas.

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