Escucho que suena el despertador, ya son las 6:00 de la mañana, es momento de comenzar un nuevo día. Quisiera poder dormir al menos cinco minutos más, pero puede que se me haga tarde -¡Me tengo que levantar!-

Pongo la cafetera. Mientras me daré un baño, al sentir el agua recorrer mi cabello y mi cara, logro reaccionar.

Dentro de mí hay un optimismo desafiante que me incentiva seguir adelante ¡ser la mejor! pero me sabe insípido y no puedo saborear la vida, es como si estuviera presa.

Trato con todas mis fuerzas de romper sus cerraduras, eliminar mis miedos, complejos, angustias, pero se aferran a mí de una forma enferma.

Ese extraño optimismo es el que me mantiene viva, el que me da fuerza para despertar por la mañanas. Pero por otra parte, ese sin sentido me aprisiona, me asfixia.

¿Hasta cuándo me dejará en paz?

¿Hasta cuándo este optimismo me ayudará a desatar mis cadenas?

 

 

Foto de portada: Blanco y negro

 

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