“Toda malicia es poca junto a la malicia de la mujer, ¡que la suerte del pecador caiga sobre ella!”

Eclesiástico 25:19

La tradición judaica cuenta que Eva no fue la primera mujer de Adán, sino que antes existió Lilith, creada por Yahvé del mismo barro que Adán para ser su compañera, sólo que fue creada del sedimento y el barro sucio.

Mujer sin ataduras e independiente, Lilith fue entregada a Adán por esposa, pero de inicio las peleas no cedieron. Ella menospreció su brutalidad, su incomprensión y su vanidad, le indignaba hacer el amor en posición supinada – debajo de él- y reclamaba igualdad de derechos, puesto que había sido creada de la misma forma.

Adán, se forzó sobre ella. Ella se pronunció inefable, elevándose por los aires sobre Adán, dejándolo solo con su ego. Cuenta la historia que Yahvé dio a Lilith por esposo a Samael – Lucifer-, así se convirtió en la compañera del Diablo, siendo la diablesa encargada de matar a los recién nacidos que no portaran el nombre de Dios.

Fue condenada a perder cien hijos demonios por día y a representar la oposición al matrimonio y a los hijos. Ahí comenzó todo, el martirio, la fechoría, la maldad de la mujer.

Las mujeres son instrumento del Diablo ‘porque quieren saber con gran prisa  las cosas que suceden en secreto, porque la vida de las mujeres no es de aprender en los libros… por ello quieren aprender al lado del Diablo’

Fray Andrés de Olmos, Tratado de hechicerías y sortilegios (1553)

Fue a partir del siglo XV, donde comienza el aquelarre que lleva a millones de mujeres a su muerte, acusadas de brujería y herejes por las razones más sobrias. La Iglesia publicó en 1486 el documento llamado Malleus maleficarum –Martillo de las brujas-, que fue la Biblia de los cazadores de brujas dentro de la Iglesia y, según la cual, la mujer es emocionalmente moderada e inmadura, con apetitos carnales insaciables, más crédula y charlatana, menos inteligente que el hombre, habitualmente embustera y más propensa a vengarse mediante la brujería.

No nos olvidemos de los procedimientos de la cacería brujas en el pueblo de Salem, pues varios afirmaban que el mal está del lado de la mujer. Así, ser una mujer independiente, investigadora, conocedora, o incluso pelirroja, eran razones suficientes para morir en manos de la Inquisición, acusada muchas veces por la difamación y envidia de otras mujeres.
Así pues, las brujas son mujeres a las que se les atribuyen poderes extraordinarios, los cuales podrían ser fruto de un pacto con el Diablo. A lo largo de la historia, muchas mujeres fueron acusadas y condenadas por brujería simplemente por ser sabias.

Desde la Edad Media hasta las grandes cacerías de brujas ordenadas por la Inquisición en los siglos XVI y XVII, bastaba un mínimo conocimiento de herbolaria para que una mujer fuera considerada amante del Demonio.

Una de las cacerías de brujas más sonadas fue la que se produjo en Salem, EE.UU. entre 1692 y 1693, cuando tres mujeres fueron acusadas de embrujar a dos niñas. Este suceso, agigantado por el puritanismo de sus pobladores, desató una persecución en la que hasta el detalle más difuso – como un lunar- bastaba para que una mujer fuera considerada bruja, para ser torturada, encarcelada o condenada a muerte.

Seguramente, en este pequeño pedazo de historia hay alguien que puede identificarse. Bien dicen que la diferencia entre una hechicera y una bruja son solo unos cuantos años de matrimonio. A partir de ahora cuando a alguna mujer le llamen bruja podrá pensarse, más bien, como la mujer transgresora que día con día reinventa la historia misma de la humanidad.

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