Me comí la dieta

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La dieta comenzó hace tres meses. En junio me  pesó la nutrióloga y nada. No baje un gramo. A continuación me preguntó mis hábitos para comer. Que si hago caso de cada instrucción que recetó en me régimen alimenticio, ¿qué como cuando tengo ansiedad?, si hago ejercicio y si tomo agua.

Desesperación, en tres meses me he esforzado lo suficiente. Sigo al pie de la letra de qué debo alimentarme. No entiendo la indignación de la experta en comer  sano al ver que no he logrado algo. No entiendo mi frustración. Debo bajar diez kilos y sigo igual. Al final la nutrióloga anunció que estaba  reteniendo líquidos y mi sistema hormonal andaba loquillo. Todo tuvo sentido, creo.

Mide cintura y cadera. ¿Qué más da? A mí nunca me han preocupado esos números y ahora vienen a presionarme con reducir, porque si no soy una persona obesa. ¡Ajá!, mido 1.70 y la mujer está convencida de que debo pesar unos 60 kilos, de otra manera tengo sobre peso. Al final hizo un par de conversiones y con 62 kilos estaré equilibrada.

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Hay una fórmula para calcular tu peso en función de la estatura. Una regla de tres para obtener el índice de masa corporal y se multiplica por el diámetro de tu muñeca. Obsesión número 2343536 agregada a la lista de preocupaciones de una mujer.

No digo que esas medidas y fórmulas  estén mal, es útil para tener un control sobre el peso. Por ejemplo, que tu cintura mida menos de 80 centímetros; peso y talla equivalentes. Si se rebasan estos parámetros, se corre el riesgo de padecer hipertensión arterial, diabetes y  para qué le sigo; pero estos numeritos  a la larga nos afectan y fomentan el estereotipo de belleza y perfección.

Digerir el estereotipo

Bajar de peso fue una instrucción médica. Ya saben. Problemas con mi metabolismo, lentísimo. Mi rutina en la vida era ir a la escuela, sentarme ocho horas a tomar clases y hacer otras dos de regreso a casa. Presiones y stress a todo lo que daba. Reconozco que tenía pésimos hábitos alimenticios, no hacía ejercicio  y me estaba matando lentamente. Moverse un poco de vez en cuando no es  malo, no me rompí.

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Ejercicio. Quemar grasa, hacer músculos, tener mayor fuerza y resistencia. Llevo seis meses en el gym. No, no es mi enemigo número uno. Al contrario, me despierta cada mañana. Motivación, energía y esperanza. Han pasado seis meses y no he logrado bajar los diez kilos prometidos. Ya puedo dormir, ya no me frustró.

Mi instructor me ha explicado ‘’no el peso no importa’’. Si como bien, tomo agua y  hago ejercicio (no por querer estar súper cool), sino por salud, estoy sana. No hace falta que me mate horas para poder complacer a mi nutrióloga, pese y mida lo que ella piensa es correcto.  No tengo fijación por mis medidas en cadera y cintura.  Me gusta como luzco actualmente.

Existe un miedo a estar gorda. A no tener las medidas perfectas: 90-60-90. En especial,  las mujeres vivimos obsesionadas con esos temas de talla y peso. De ser esbeltas y lucir como la modelo rusa del catálogo. ¡Ubiquémonos!  Por contexto e historial genotípico no podemos tener esas características.

Mi corazón está más sano, tengo mayor condición física y a diario me pregunto si realmente necesito comer de más tal o cual alimento. Aunque no he conseguido bajar todos los kilos que la nutrióloga exige, estoy contenta porque aprendí a cuidar mi cuerpo. No quiero tener un cuerpo 90-60-90, sólo quiero ser yo.

Ahora bien, es importante que te alimentes adecuadamente. Comete la dieta como yo: que esa palabra ya no exista en tu vocabulario. No te obsesiones con las calorías. Más bien come de todo un poco. Balance, equilibrio. Por salud, por estar bien contigo.

http://www.eligenutricion.com/

http://smoda.elpais.com/moda/acaso-no-se-puede-ser-guapa-y-estar-gorda/?id_externo_rsoc=FB_CM

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