En los últimos años la publicidad se ha sumado a promover el empoderamiento de las mujeres y la equidad de género, lo que se conoce como publicidad go-girl o femvertising. El propósito de este tipo de publicidad es hacer conciencia de la violencia de género en todo el mundo por medio de comerciales, posters o vídeos que circulan en la red de manera gratuita. En ellos se plantean diversas problemáticas como la desigualdad entre hombres y mujeres o la desvaloración de “lo tradicionalmente femenino”.

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Vía: Aerie

Una de las estrategias que la publicidad ha tomado para “empoderar” a las mujeres consiste en reducir la cantidad de cuerpos femeninos adscritos a un ideal de belleza. Ahora las campañas de ropa y de lencería, en conjunto con artistas comprometidas en el feminismo, muestran un variedad de cuerpos, cuerpos reales como dicta el lema de Aerie la línea de lencería de American Eagle o los productos de higiene Dove.

propaganda-do-dove-1365547110373_800x600La marca de toallas femeninas Always, por su parte, ha elegido desenmascarar la violencia, los prejuicios, los estereotipos y demás, contenidos en la frase “como una chica…”

Desafortunadamente, otras marcas han tomado ventaja del éxito de esas campañas y se empeñan en hacer lo mismo sin pensar detenidamente en el contenido. Sencillamente no alcanzan a proyectar un mensaje de empoderamiento, y en casos extremos, terminan por enunciar lo contrario.

Aquí tenemos un caso, el de la marca Desigual. Bajo la imagen de la mujer liberada sexualmente que elige con quien acostarse y cuándo, está la misma de siempre: la mujer cosificada. Una cosa es presentar a la mujer como sujeto activo sexualmente y otra presentarla en su calidad de femme fatale moderna cuya realización personal, así lo hacen parecer, es acostarse con el chico que tanto le gusta.

Y, hasta este momento, mi ejemplo favorito es el comercial de Yoplait porque en él un error sigue al otro, y bueno, no hay nada rescatable. “Brindo con placer” celebra “el ser (M)ujer”, pues aparentemente que una mujer pueda llevar a cabo las mismas tareas que los hombres es suficiente: es símbolo de equidad, de libertad y de orgullo femenino, aunque todavía nos toque preparar la cena (porque claro, eso no se cuestiona). Nosotras podemos con eso y más.

Con estos ejemplos basta para percatarnos de las incongruencias del mundo publicitario. Es de valorar, como ya mencionamos, la labor de los publicistas que tratan de invertir las formas tradicionales en que se presenta el mundo femenino y a la figura de la mujer, pero también la manera de acercarse al público femenino. En todo caso, a nosotras nos toca saber identificar cuál empresa ofrece un perspectiva femenina y cuál enuncia una moda pasajera.

Referencias:

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Estefanía Alarcón Nava (Estado de México, 1992) estudió Lengua y Literaturas Hispánicas en la UNAM. Feminista. Amante del café, la música y la poesía.

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