Cuando yo estaba muy chavita, soñaba con tener un novio que fuera súper detallista. Anhelaba con que por medio de regalitos y cosas románticas, algún niño me “conquistara” (Qué horrible concepto, conquistar como si tuvieran que apaciguarte y someterte).

Algo así me ocurrió, pero no como yo quería. No fue el que me gustaba, era otro que ni siquiera me caía bien. Todos los días iba por mi a la escuela, me llevaba regalos y me daba cartas donde me contaba los sueños que tenía conmigo y que aunque no eran explícitamente sexuales, si había ciertas insinuaciones. Me acompañaba a mi casa y me hablaba en las tardes. La primera vez me sentí bien porque mis amigas me dijeron que yo era afortunada de gustarle tanto a alguien; sin embargo al paso de los días empecé a sentir primero flojera y luego angustia cada que se acercaba la hora de salir de la escuela. Llegó el momento en que ya no sabía como “librarme” de él. No tuve que hacer nada porque, por otras circunstancias, mi familia y yo nos mudamos de ciudad, por un tiempo no tuve teléfono y no existían Redes Sociales.

El pasado 24 de abril, dentro de las actividades de la marcha #VivasNosQueremos, hubo en el Twitter una convocatoria para que las mujeres platicáramos acerca de nuestro #MiPrimerAcoso. Las historias fueron desgarradoras; las estadísticas arrojaron que la mayoría de los acosos ocurrieron antes de los 12 años por parte de familiares cercanos. La consigna fue No queremos tu piropo, queremos tu respeto”. Sin embargo, muchas personas defendían al piropo diciendo  “no ofende, es un halago”. Al respecto nos explica Gabriela Alegría, feminista y activista independiente:

“Es necesario comenzar a llamarlo acoso para que se entienda como lo que es: una intromisión a tu espacio personal, no es una interacción”

Cartel de la Movilización Nacional contra las violencias machistas en México.
Cartel de la Movilización Nacional contra las violencias machistas en México.

Derivado de todo este movimiento, surgieron algunas voces de hombres que se sumaban y que manifestaron su empatía. En lo particular, llamó mi atención un texto de Wookie Williams en el que platica cómo se descubrió a si mismo como un acosador. Uno sutil, no violento, más bien romántico y de un tipo de acoso incluso aceptado socialmente, del que casi no se habla.

Me recordó a mi pretendiente de aquellas épocas de la prepa, caí en la cuenta de que muchas de nosotras hemos padecido a algún tipo así, y no es fácil sobrellevarlo. “Es un juego muy mañoso, te presiono y presiono en apariencia sin violencia para que no te puedas quejar, porque si te quejas, te acusan de culera, aprovechada, aunque tú hayas dicho todo el tiempo que no” puntualiza Gabriela Alegría.

Además de lo difícil que es detectarlo, es complejo resolverlo denunciarlo, queremos hacerlo sin generar conflicto, sin dejar de ser amables, porque al no existir violencia explícita, señalarlo nos convierte a nosotras en las agresivas. El acosador, cree que es una forma válida de “conquista” y no ve nada de malo en esto.

El filtreo, coqueteo o conquista, tiene una línea muy definida entre lo permitido y el acoso: hay una aceptación y agrado por parte del otro, y es fácil detectarlo, no nos hagamos que no.

Este tipo de acoso, se suma a todas las violencias a las que diariamente estamos expuestas. Es una forma aceptada e incluso promovida como una forma de “llegar al corazón” de una mujer. En ocasiones el círculo familiar y social, critican a quien se declara asediada o hastiada, se cree que debes sentirte halagada y que deberías considerar otorgar la oportunidad de una relación de noviazgo. Esta forma de acosar, también es violencia machista.

Infografía de Pictoline acerca del Acoso Romántico. Fuente: Pictoline
Infografía de Pictoline acerca del Acoso Romántico. Fuente: Pictoline

Un amigo, hace años, fue víctima también del acoso de una ex novia. Años después de que terminarán, ella regreso en una actitud amable a intentar ser amigos. Al principio así fue hasta que la amistad derivó en un acoso que se perfilaba muy peligroso y que sólo pudo frenarse por la vía legal.

“El acoso en sí es una forma machista de ejercer el poder, y como sabemos, el machismo no es cosa de hombres, sino un sistema que nos mueve a todos, en este caso cuando una mujer acosa, se apropia de esa forma de ejercer poder, que es propia del machismo, la diferencia, y esto es súper importante, es que el acoso al hombre no es parte de un sistema de violencia ejercida sobre su género. Sí es violencia, sí es una agresión, pero no se puede comparar con el acoso a las mujeres”. Concluye Gabriela Alegría.

Nombrar, visibilizar, desmitificar y debatir acerca de las diferentes formas de violencia y acoso hacia las mujeres, es una forma de combatirla en un país que, según datos de la ONU, registra 6 asesinatos de mujeres al día, ocupando con esto el puesto 16 a nivel mundial, donde además se registra que en su mayoría fueron efectuados con violencia extrema.

Nos queremos seguras, nos queremos libres, nos queremos respetadas, ¡Nos Queremos Vivas!

Fuente: http://observatoriofeminicidiomexico.org.mx/

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