En medio de una conversación madre e hija (en la que era yo una simple espectadora), la mamá le decía a la adolescente con respecto a su recién tronada relación, que no se preocupara, que ya vendría otro amor; pero remató diciendo: “Bueno, aunque la verdad es que el primer amor nunca se olvida” y volteó a verme mientras me decía ¿verdad? Esperando que yo reafirmara aquello.

Lo cierto es que yo quería decirle un montón de cosas a esta chava, por ejemplo, que esta frase puede ser muy sonada, pero no es definitiva, ni aplica en todos los casos, y no siempre es bonito que ese primer amor, no se olvide.

Sí, suena romántico, quizá es verdad y nunca se olvida, pero ¿Por qué sucede eso? Cuando nos enamoramos por primera vez, creer que nunca lo olvidaremos, nos parece hermoso, pero ¿Y si al paso del tiempo resulta que no era buena idea no olvidarlo? ¿Si se convierte en un fantasma que boicotea tus relaciones venideras? ¿Si más que romántico, se vuelve traumático?

¿Qué factores llevan a que una relación, en este caso la primera, se vuelva inolvidable? ¿Por cuánto tiempo, lo será?

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Hay mucha nostalgia y sentimientos encontrados al recordar al primer amor.

Algunos nos enamoramos por primera vez en nuestra adolescencia y esperamos de un noviazgo algo muy diferente de lo que en realidad es, porque hemos imaginado y fantaseado al respecto. Cuando esa relación termina, tienes ya un prejuicio para lo que viene, es decir, ya tienes tu primer referente. En tu siguiente relación buscas algo similar, o algo opuesto pero partiendo de “cómo te fue en la feria” ya no desde el imaginario. Pero además, hay un camino, en ocasiones y para algunos, muy tortuoso, antes de olvidar ese primer amor y poder comenzar de nuevo.

Es normal, y nuestro cerebro se encarga de que así sea. Según Antoine Bechara, neurobiólogo reconocido mundialmente por sus investigaciones sobre las funciones cerebrales que intervienen en la toma de decisiones, nos dice que “existe un circuito neurológico que fija con más intensidad los recuerdos que fueron incorporados de la mano de un fuerte contexto emocional”.

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Es decir, que entre más intensa sea la relación, más difícil será de olvidar (algo que ya sabíamos, pero no sabíamos por qué) Al respecto, los últimos estudios neurológicos han descubierto que:

“En el lóbulo temporal hay dos estructuras. Una se llama hipocampo y por allí pasa la memoria declarativa, es decir, desde acordarse qué día es hoy hasta la cara de una pareja. Al lado hay otra llamada amígdala, que contiene a la memoria emocional. Para que la información declarativa pase por el hipocampo y se distribuya en el cerebro, debe haber un contexto emocional: por ejemplo, una situación atípica y desconocida vivida con ese gran afecto. Cuando la amígdala detecta ese contexto emocional envía neurotransmisores al hipocampo. Así se incorpora en la memoria como fenómeno de fijación” Ignacio Brusco, director del Centro de Neurología de la Conducta y Neuropsiquiatría de la Universidad de Buenos Aires

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Si a nuestra primera relación llegamos “limpios”, ya saben, esperando todo, anhelando que sea para siempre, o que sea igual a aquello que creemos que debe ser una relación de pareja; cuando la desilusión llega el corazón queda muy herido, nos arrepentimos de haberlo entregado todo, y los recuerdos que, ahora sabemos por qué, tardarán un rato en borrarse, nos hacen llegar ya con un background prejuicioso a nuestra siguiente relación.

Pero si somos más fríos, quizá temerosos, y a nuestra primera relación llegamos con reservas, cubriéndonos, esperando la estocada (porque algunos somos ya desconfiados por nacimiento) parecería que la ruptura nos costara menos trabajo que a aquellos románticos, pero nos duele igual, y también nos marca, pero quizá ni lo disfrutamos tan plenamente por andar de miedosos, y nos perdimos de vivir algo a plenitud.

Por eso es que creo que debemos permitirnos olvidarnos de nuestro primer amor, y del segundo y del tercero y los que vendrán. No negarlo, no arrepentirnos. Tampoco anular las cosas lindas. Sólo aceptar que, si hoy lo llamas “ex”, es porque algo no funcionó, y eso no debería marcarnos ni predisponernos a lo que sigue, ni vivir añorando lo que pudo haber sido, por algo no fue.

Siempre volver a comenzar de cero.

A mi tercera quebrada de corazón, tratando de recoger mis piezas rotas y jurando venganza y empuñando el brazo repitiendo que nadie más me lo volvería hacer, tuve un momento de aparente lucidez y vino a mi una idea diferente y me plantee ¿Y si mejor empiezo de nuevo pensando que quien venga no tiene porque pagar los platos rotos del que se fue? Y ahí va otra vez a perder mi cerebro en la batalla, pero si de algo sirve mi testimonio, no me arrepiento.

No tuve manera ni tiempo de decirle a esta adolescente y a su mamá, que no sólo el primer amor no se olvida, tampoco los que le siguen. Que biológicamente, le llevará un tiempo sacarlo de su mente, pero que en el recuento de la vida, siempre aparecerá en un lugar diferente. Que lo más importante, no era permitir que te marcara negativamente, o que quizá  en muchas ocasiones, lo mejor es olvidara tu primer amor, y llegar a lo que le sigue, con la misma expectativa e ilusión que tenías la primera vez (aunque ya no seas adolescente, aunque tengas treinta o sesenta).

¿Y tú sigues recordando o añorando tu primer amor?

Fuente: “La ciencia revela por qué es tan difícil olvidar un gran amor” 

 

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