Yo siempre fui de esas niñas que aparentaba más edad, mi cuerpo se desarrolló muy temprano y además era más alta que la mayoría de mis compañeras en la escuela, eso fue muy difícil para mí, me sentía como un alíen. Cuando fui creciendo comencé a apreciar mis curvas pero a odiar que las lonjitas, que la estría, hacia cosas para cuidarme pero siempre había algo que me molestaba.

Hubo un tiempo en que pase por una serie de cambios en mi vida y tuve una depresión que propicio que me dejara de cuidar y termine subiendo como 10 kilos en un mes, ¡fue horrible!. Tenía el ánimo por los suelos y para rematarla me miraba al espejo y me sentía tan fea, mi ropa dejo de quedarme y utilizaba ropa muy holgada para “disimular” mi sobrepeso.

Fue una etapa muy oscura en mi vida, en un momento de lucidez me di cuenta que mi estado de ánimo y mi cuerpo estaban unidos, pero en ese momento no hice nada por poner una solución y dejaba  de comer o comía demasiado y cosas que no eran nada saludables.

Era una situación tan autodestructiva, me sentía agotada. Llego un momento en que comencé a fastidiarme de mi estado de animo y empecé a actuar para poder romper el círculo vicioso y por medio de un proceso de trabajo interno me reconcilie con mis errores. 

Elimine personas, situaciones y pensamientos dañinos. Por ejemplo, dejé de compararme con otras mujeres, mirarme con desprecio y empecé a conquistarme a enamorarme de mí, no como un acto narcisista, más bien sanador. Me confronte conmigo misma.

No cabe duda que el estado de ánimo y la autoestima se refleja en el cuidado que le damos a nuestro cuerpo. Las y los invito a que empecemos a mirarnos con amor del interior al exterior, seguramente siempre habrá cosas que no nos gusten, pero en lugar de autoflagelarnos trabajemos en ello. 13177843_10206087921781366_8118091800604339161_n

No es un proceso fácil, yo diría que más bien es doloroso pero todo lo que vale la pena cuesta y la salud mental, espiritual y física no tiene precio. Dejemos de mirarnos a y decirnos “Que fea te ves”, “Eres una gorda”, “Estás fea”. ¿Cuánta veces te miras al espejo con desprecio?

Hace poco mi hermana sufrió una lesión en su rodilla y siempre decía “pinche rodilla por qué no se me compone” hasta que un día me dijo “Ya no le hablaré feo a mi rodilla porque  leí que nunca debes tratar mal a tu cuerpo para que lo motives a curarse. El hablarle mal es autodestructivo” y me hizo mucho sentido, ¿Cómo reaccionarías si alguien externo te hablara como lo haces contigo?

Ten en cuenta que las cosas buenas y malas son lecciones que si las tomamos como aprendizaje no llevan a ser una mejor versión de nosotras mismas. Te recomiendo que en lugar de hablarte mal, te digas frases como:

“Amo y aprecio mi cuerpo”

“Todo está bien, todo está funcionando para mi mayor bienestar, después de esta situación sólo llegará algo bueno y estoy a salvo”

“El pasado ya acabo y no tiene poder ahora. Rechazó volver a ser una víctima”

“Me perdono a mí misma por no ser perfecta”

“Perdono a las personas de mi pasado que me hicieron daño”

“Estoy abierta y receptiva a todo lo bueno y abundante en el universo”

“Mi potencial es ilimitado”

“Sólo atraigo relaciones sanas”

Tengan en cuenta que no son fórmulas mágicas, es importante ser coherentes con nuestras afirmaciones, acciones y actitudes. A veces esperamos a que personas externas nos ayuden o escuchen, y es importante, pero la mayor ayuda no la brindamos nosotrxs mismxs.

 

Foto de portada: Arsenio Espinoza

 

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