Su padre, Tim Buckley, un músico de folk y jazz muy afamado durante las décadas de 1960 y 1970, falleció de una sobredosis de heroína cuando él tenía nueve años. De acuerdo a sus propias declaraciones, sólo tuvo contacto con él una vez en su vida, razón por la que decidió realizar un concierto en su memoria en abril de 1991 para decirle a través de sus canciones todo aquello que no pudo hacer en persona. Su interpretación dejó a los presentes maravillados por su impresionante talento.

Para ese entonces, el joven músico nacido en el Condado de Orange, California, ya había grabado un demo de cuatro canciones con el apoyo de Herb Cohen, antiguo manager de su padre. Su música era extraordinaria, totalmente alejada del sonido grunge que reinaba la escena en aquel momento y reflejaba la mezcla de todos los estilos que le habían influido a lo largo de su vida; desde la música clásica con la que se inició gracias a su madre, hasta el rock de Led Zeppelin o Jimi Hendrix, con los que se familiarizó por su padrastro.

Años más tarde, en 1994, Jeff Buckley finalmente publicó su primer y único álbum de larga duración, un material al que tituló Grace el cual destacó no sólo por su impresionante talento musical sino por algunas de las canciones que decidió integrar en éste. En total fueron diez piezas las que conformaron esa producción discográfica de las cuales siete eran composiciones originales y el resto eran covers de otros temas, incluido Corpus Christi Carol, un popular villancico.

Sin embargo, el tema que más destacó de todo el álbum fue sin duda su versión de Hallelujah, la fantástica canción del recién fallecido Leonard Cohen. Su interpretación de esta pieza fue fenomenal, tanto así que fue la que le popularizó, una década después de haber sido publicada originalmente. ¿Cuántos músicos pueden presumir de un logro de esta clase? Muy pocos, sobre todo tratándose de una canción compuesta por alguien tan importante como Leonard Cohen.

La voz de Jeff Buckley era fuera de este mundo, en ocasiones con una potencia desgarradora que evocaba a la de Robert Plant y otras veces lánguida y llena de melancolía. Lograba llegar a lo más profundo de las personas con cada verso, siempre interpretados de un modo extraordinario que permitían comprobar nuevamente que se trataba de un artista en la época equivocada pues no había absolutamente nada ni nadie que se asemejara a lo que él hizo durante la década de los noventa.

Era un músico destinado a la grandeza, con absolutamente todo para sobresalir y llegar a ese sitio donde se encuentran las más destacadas leyendas de la música; la admiración del público, el talento, el reconocimiento por parte de otros grandes como Patti Smith, etc. Sin embargo, la vida le tenía deparados otros planes, unos muy trágicos y misteriosos que incluso en la actualidad generan gran incertidumbre y pesar en todos los que se han dejado seducir y maravillar por su obra a lo largo de los años.

En 1997, Jeff y su banda viajaron a Memphis para iniciar las grabaciones de My Sweetheart the Drunk, título que planeaba dar a su segundo álbum. La noche del 27 de mayo de ese año, el músico fue a dar un paseo junto a su amigo y roadie, Keith Foti. Ambos terminaron a las orillas del río Wolf, en cuyas aguas el músico había nadado múltiples ocasiones. Según declaraciones de Foti, Buckley entró al río completamente vestido, mientras entonaba el coro de Whole Lotta Love de Led Zeppelin.

Tras un breve descuido, Foti perdió de vista al músico y no volvería a verlo más pese a realizar una exhaustiva búsqueda durante la noche. Meses más tarde, el 4 de junio, el cuerpo sin vida de Buckley fue hallado en el mismo río. Los exámenes forenses que se le practicaron, demostraron que no había rastros de alcohol o drogas en su cuerpo, lo cual dio pie a que se especulara cómo sucedió su fallecimiento, aunque la versión oficial asegura que se trató de un ahogamiento accidental.

Fue así como concluyó la vida de un artista que este día celebraría 50 años de vida, un artista del que nos habría encantado escuchar más de esas canciones capaces de estremecer a cualquiera, un artista que logró destacar por encima de todo y de todos por su genialidad. Tristemente, eso no será posible y sólo nos queda disfrutar de aquello que logró realizar en vida.

Fuentes: Vanity Fair, jeffbuckley.com

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