La información nos rebasó desde antes de llegar al mundo. Estamos en una época en que la creación es tan absurdamente abundante que estamos destinados a morir ignorantes e ignorando la mayoría de las cosas que ha hecho el hombre; aun logrando una tecnología que nos permita ser capaces de aumentar nuestra esperanza de vida en dos o tres veces más de lo que es ahora, no tendríamos la oportunidad de leer, ver, escuchar o apreciar todo lo que hemos creado.

¿Cómo es que la cultura se convierte en un estado de distracción permanente? Bueno, como ya es costumbre, el ser humano es culpable de sus propias desgracias y en principio el estado de distracción se crea por la constante necesidad que tenemos por evadirnos de la realidad. Lo que nos lleva a crear mundos, personajes y tiempos ajenos a nosotros mismos, expresados en las diferentes formas de cultura, literatura, cine, teatro, música, pintura, danza, escultura y demás géneros democráticamente aceptados.

Imagen de: www.windowssearch-exp.com
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Y no es que estemos en contra de la creación incesante de cultura, al contrario la diversidad y la posibilidad de elección que tenemos es tan basta que nos podemos dar el lujo a discriminar según nuestros gustos e intereses; sin embargo aquí es donde debemos parar un poco para pensar, ¿cómo es que discriminamos qué es bueno y qué no lo es? Sí, es cierto que la elección es nuestra y en teoría decidimos lo que es mejor para nosotros mismos, pero actualmente nos enfrentamos a entes monstruosos alimentados por el hombre moderno. Al punto que las personas y las empresas dedicadas a la creación cultural se rigen por criterios mercadológicos que se preocupan más por tener al público cautivo, que por generar contenidos de calidad.

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Imagen de: mediotiempo.com

Actualmente el estado de distracción y el absurdo son más evidentes y estamos más expuestos a ellos, ¿de qué estoy hablando? Te preguntaras, pongamos un ejemplo, un escritor medianamente bueno se decide a crear una obra original con la premisa y el propósito de vender, esto por sí solo no tendría ningún problema, sin embargo años después o incluso menos a otra persona se le ocurre crear una película o serie basada del mismo libro, a alguien más se le ocurre hacer una canción o una pintura, foto o simplemente estampados para playeras, todo mientras los medios nos ofrecen cientos de reseñas, no sólo del libro, sino también de la película y en paralelo a otra persona se le ocurre subir frases del mismo texto o hacer “memes”; un mundo de información al que estamos expuestos y qué al final  cumple un mero propósito mercadológico, dejando así poco espacio para las obras originales.

Estamos en la época en que la cultura se volvió el copiar y pegar inagotable de la información, dejándonos con una cultura de simulación con el mero propósito de distraer, vender y mantener al público cautivo.

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