Históricas películas de terror mexicano

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En repetidas ocasiones el cine de terror se ha desvirtuado. Diversas películas del género que se proyectan de manera semanal o mensual en las salas terminan por figurar ridículas y/o decepcionantes. Sin embargo, en estos días de festejo a la muerte, recordamos algunas cintas mexicanas que han inquietado al espectador por su margen oscuro y terrorífico.

Macario: Dirigida por Roberto Gavaldón, adaptada de la novela Macario escrita por Bruno Traven, fue nominada al Oscar como mejor película extranjera en 1960. La historia relata las preocupaciones, ambiciones y deseos de Macario, un indio que vive en la época del virreinato en la Nueva España. Su esposa, la cual lo adora, roba un guajolote para que el humilde campesino lo devore solo, como siempre lo había deseado.

No obstante, cuando va al bosque a saciarse de aquel manjar, y para que sus múltiples hijos no le pidan, se le aparecen diferidamente Dios, el Diablo y la Muerte para pedirle del suculento platillo. Marcario solo le ofrece a la Muerte, y ella le regala un líquido curativo con el que salva a algunas personas de la muerte.

Bajo una recreación atinada de dicha época, el relato sacude al espectador por los diversos dilemas del hombre: la solidaridad, la envidia, la magia, el dinero, el poder, entre otros. Con un Ignacio López Tarso –Macario- magnífico, los sentimientos surreales e inquietantes de la historia logran sacudir la fiereza de cualquier espectador.

Libro de Piedra: Con las actuaciones de personajes como Marga López y Joaquín Cordero (1968), la película cuenta las peripecias de un hombre viudo que se va a vivir a las afueras de la ciudad con su hija. En su nuevo hogar comienzan a suscitarse cosas extrañas debido a un amigo imaginario de la niña, Hugo.

Evocando un pánico abismal, Carlos Enrique Taboada (director) recreó una atmósfera sórdida y mágica en aquella casona antigua. Exponiendo la cultura de la magia negra, el filme balancea todo tipo de rasgos extraordinarios que han acongojado el actuar de los individuos a lo largo de la historia.

Hasta el viento tiene miedo: Como parte medular de la programación televisiva mexicana en el marco del Día de Muertos, el largometraje ha sido uno de los más exitosos del género en nuestro país.

Dirigida por Carlos Enrique Taboada en 1968, la historia proyecta el terror infundado por un fantasma de una ex alumna en un internado femenino de férrea disciplina.

Jugando con los estereotipos de las mujeres, la narración logra amalgamar diversos factores como: las tradiciones mexicanas, el misticismo religioso, el comportamiento de las clases altas y la imagen femenina en el país.

Dejando atrás monstruos o criaturas ridículas, el director apela a los espacios oscuros de México –como un convento- para identificar al espectador con el fenómeno de la muerte.

Más negro que la noche (1975): Utilizando sentimientos puros en la interacción de los humanos, como la venganza o la nostalgia, Carlos Enrique Taboada una vez más mostró su afinidad al género.

La cinta cuenta la historia de Ofelia, heredera de una vieja casa y un gato de su tía. Al irse a habitar con sus amigas a la tétrica residencia, comienzan a ocurrir cosas extrañas y misteriosas.

Marcando su favoritismo por los personajes femeninos, quizá para lograr mayor impacto, Taboada abordó elementos típicos del género y de la cultura del país para generar un espectro tenebroso. Jugando con los sonidos y los objetos, el film se alimenta del rencor y odio (simbolizado en el gato) que provoca una muerte.

En la actualidad, no solo en nuestro país, se han hecho diversos remakes y fallidos intentos para revitalizar a uno de los géneros más taquilleros. Sin duda estas películas reflejan la riqueza cultural que tiene México respecto a la muerte.

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