En 2015, una de las novedades que nos trajo Netflix fue la serie Scream. A primera impresión podría pensarse que se trataría de un remake de las famosas películas que llevan el mismo nombre, o incluso, que sería el “después” de ellas. Pero no, si bien, la serie está supuestamente basada en la trama que se desenvuelve en el pueblo de Lakewood, cuya historia está marcada por un terrible suceso que ocurrió 20 años atrás. Sin embargo, el asesino viste una máscara (no es la misma, pero sí tiene un aspecto similar) y una túnica negra como en el filme original, dirigido por Wes Craven en 1996.

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Como toda serie americana te encuentras con los clásicos arquetipos de esta cultura: la chica ruda, el nerd, el deportista, las populares, etc.

La tecnología juega un papel muy importante dentro de la serie, y a decir verdad, es un punto muy a favor, pues cuántas veces al ver un filme de terror nos hemos preguntado ¿qué no tiene un celular para que llame y alguien llegue a rescatarlo? o ¿por qué no le manda un mensaje por WhatsApp? También reflejan problemas actuales, como el cyberbulling y la dependencia a las redes sociales.

Desde el primer capítulo y durante toda la serie, te encontrarás con el factor sorpresa, haciendo parecer que el villano es un personaje diferente en cada episodio.

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Todos estos elementos hacen que sea una serie interesante, aunque si eres fanático del género de terror, se te hará un poco predecible, pues a lo largo de los 10 capítulos utilizan recursos clásicos de este género.

Así que si tienes el tiempo y el coraje, ve a Emma y a sus amigos tratar de averiguar quién es el asesino de Lakewood.

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