El típico incidente de “El incidente”

Queremos nuevo nuevo cine mexicano.

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El incidente

Cada que llega una película nacional a las carteleras comerciales siempre existe –por ahí en alguna parte de mi ser– la pequeña esperanza de que dicho producto audiovisual de sello mexicano no incluya las siguientes características: Jaime Camil, mala publicidad y falta de agallas.

Hace unas semanas se rumoraba que El incidente, la nueva película mexicana que logró llegar a carteleras el pasado 10 de septiembre, era la que marcaría el “nuevo nuevo cine mexicano”, ese que habíamos estado esperando después de que la fórmula del sexo, la comedia estilo Adam Sandler y las groserías agotaron, pero lamentablemente no lo logró.

Las grandes expectativas del largometraje de Isaac Ezban se centraban principalmente en su género: la ficción. Su llegada a las carteleras, sin ser otra película de comedia y sin actores de gran popularidad, la convirtieron en un producto de gran atractivo.

El Incidente
El Incidente

En redes sociales, en la plática de la comida o en los planes del adorado fin de semana me llegó el ruidito de El incidente con comentarios como “dicen que está muy chida”, y sin más, me lancé a su estreno –para mortales– impulsada por esa pequeña esperanza.

La esperanza decreció cuando aparecieron los eventos de palabras altisonantes, la pandemia de Vida y Vigor y la música de Lost, pero cuando de plano la mató fue cuando Ezban demostró que desconfió de la capacidad de abstracción del espectador con un cuentero de más de 15 minutos tratando de argumentar el loop , limbo o mundo alterado que protagoniza su obra.

El Incidente
El Incidente

El incidente comete el error de explicarlo todo queriendo no explicar nada, quiere dejarnos satisfechos pero sólo queda bien en lo visual, aunque apenas como para satisfacer una instalación de arte contemporáneo en el Tamayo; sólo demuestra con una sala casi llena la efectividad de la publicidad de boca en boca.

Desconozco si hubo manoseo en el guion con motivos de venta comercial o si esa publicidad descuidada se debe a la etapa prematura de la ficción en México, pero El Incidente es otra película más: no se atreve, no juega con nuestras mentes, no rompe paradigmas y no es esa película que marcaría el arranque de un nuevo nuevo cine mexicano.

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