Tendré el atrevimiento de generalizar y decir que todos, en algún momento de nuestra formación académica básica, nos vimos obligados a leer El Llano en Llamas (1953) al tratarse de una de las obras literarias -junto a otras como Macario, Aura y Las Batallas en el Desierto– predilectas de los profesores de Español, especialmente de aquellos que nos encontramos a nivel secundaria.

Para muchos, dicha lectura quizá no haya significado gran cosa en aquel momento, algo hasta cierto punto comprensible ya que cuando se es preadolescente -y de nuevo estoy generalizando- se piensa en muchas cosas banales, pero no se tiene noción sobre temas que, a pesar de transcurrir en nuestro entorno y afectarnos, no logran tener el impacto suficiente para hacernos reflexionar y forjar un criterio más elaborado.

Sin embargo, aunque no nos diéramos cuenta, nos encontrábamos ante un gran retrato literario de esa cruda realidad que desde hace siglos ha azotado a nuestro México. Leíamos pequeños relatos que reflejan un país sumido en la miseria, habitado por personas de escasos recursos cuyas esperanzas de vida se desvanecieron como resultado de un conflicto armado (la Revolución Mexicana) en apariencia exitoso, pero que terminó por favorecer -como siempre sucede- sólo a unos cuantos.

Dichos relatos -17 en total, que conforman El Llano en Llamas– fueron inspirados por la realidad en la que creció su autor, Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno, o como mejor lo conocemos, Juan Rulfo, quien vivió en carne propia los estragos de un poblado donde la violencia era el pan de cada día y que le costó la pérdida de su abuelo paterno y de su padre. Eran lugares tranquilos, pero el hombre no lo era (…) podía surgirle la violencia en cualquier instante, declaró el autor jalisciense durante una entrevista que le realizaron en 1977.

Vía: terceravia.mx
Vía: terceravia.mx

Rulfo tuvo el talento suficiente para transformar todas esas desgracias en cuentos y formar una de las obras más representativas en la historia de la literatura latinoamericana y hasta universal. Sorprendió al mundo de las letras por la manera en que mezcló la nada alentadora realidad de su tierra natal con elementos de fantasía que permiten a los lectores, tal vez intencionalmente, alejarse un poco de ese constante pensamiento sobre la muerte que, en sus propias palabras, está tan arraigado en la mente de nosotros los latinoamericanos

Ahora, en pleno 2017, han pasado 64 años desde que fuera publicada por primera vez aquella colección de cuentos y un siglo desde el nacimiento de su autor; y resulta triste darnos cuenta que aquellas letras inspiradas por el México rural de principios del siglo XX, continúan muy vigentes en la actualidad. Y es más triste aún observar que ya no se reduce sólo al campo u otras zonas marginadas, sino que la situación se ha extendido a cada rincón del país.

Aquel Llano en Llamas que de forma tan única plasmó el escritor no ha cesado de arder, al contrario, ha cobrado más intensidad, y para notarlo basta encender nuestros dispositivos móviles, comprar un periódico o salir a la calle y escuchar, leer o -en el peor de los casos- presenciar cómo cada día que pasa se asesinan a periodistas que sólo buscaban la verdad; se violan, agreden y exterminan a mujeres sólo por el hecho de ser mujeres; se desaparecen estudiantes inconformes o se matan civiles que tuvieron el atrevimiento de resistirse a un asalto para defender aquello que con tanto esfuerzo ganaron.

Pareciera que desde aquel entonces hasta ahora, haber nacido en México es sinónimo de desgracia y maldición; es por ello que ahora, más que nunca, vale la pena aprovechar el aniversario del nacimiento de Juan Rulfo para visitar nuevamente su obra, reflexionar sobre una situación que nos afecta a todos y emprender toda acción que esté en nuestras manos para transformar esta realidad tan miserable y violenta en la que vivimos por una completamente digna.

Vía: themexicantimes.mx
Vía: themexicantimes.mx

Fuentes: The New York Times, Aristegui Noticias

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