Reinaldo antes del alba

Joyitas de este poeta cubano en Celestino antes de alba

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Algunos recordarán a Reinaldo Arenas por la película Antes de que anochezca (dirigida por Julian Schnabel, protagonizada por Javier Bardem y filmada en el puerto de Veracruz), basada en la autobiografía homónima de este escritor cubano.

Muy amigo de Virgilio Piñera y Lezama Lima -debió haber sido más que fabuloso estar en una tertulia con estos tres-, Arenas solamente publicó en Cuba su primera novela; la segunda (en plena efervescencia castrista), siendo el autor acusado de contrarrevolucionario, ya no pudo publicarse.

A pesar de que había sido guerrillero y colaborado con las acciones cívicas de la revolución cubana, Arenas fue segregado, perseguido, encarcelado y torturado cuando decidió llevar otra causa revolucionaria a la nueva vida política cubana: la diversidad.

Reinaldo llegó a fingir un matrimonio con la actriz Ingrávida Gonzáles, intentó escapar por Guantánamo, vivió como indigente en un parque y estuvo preso en El Castillo del Moro; este poeta era considerado por el régimen como peligroso, pero estaba en la lista de personas que no podía salir de la isla.

Cuando en 1980, después de que un grupo de cubanos asaltaran la embajada peruana pidiendo asilo, Castro autorizó la salida masiva de sus compatriotas, acontecimiento conocido como El Éxodo de Mariel, en donde Arenas logró escapar de la isla cambiándose el apellido por “Arinas”. Una década después se suicida en Nueva York.

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La literatura de Arenas, es exquisita: tiene un manejo impresionante del idiolecto, con un conocimiento profundo del lenguaje y siempre con ritmo y musicalidad.

Acá les dejo algunos fragmentos de Celestino Antes del Alba, su primera novela (1967) y la única que pudo ser publicada en Cuba por ser la ganadora del Premio Nacional de Novela en 1965, con un jurado encabezado por Alejo Carpentier.

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Dense.

“-Ya no queda casi ningún árbol en pie. ¿Qué vamos a hacer ahora? El sol nos achicharra y ya tú no puedes seguir escribiendo la poesía.

-No te preocupes, que ya he sembrado muchísimos y dentro de un rato estarán así de grandes.

-¿Apago la luz?

-Sí, pero enciéndela primero.

[…]

Otra vez estás escribiendo poesías, y yo sé que no vas a parar nunca. Es mentira que algún día piensas terminar, aunque me lo digas, yo sé que es mentira.

[…]

-Ya casi es de día y todavía no he pegado los ojos.

-Yo tampoco.

-¿Pudiste pensar en algo para hacer que desaparezca la primavera?

-Sí.

-¿Qué es?

[…]

Lloramos casi hasta el anochecer. Lloramos, porque yo no puedo ver a nadie llorando sin que enseguida se me salten las lágrimas. «Eso es una mala maña», me dice siempre mi madre cuando ve que lloro porque los demás lloran. Pero a mí me gusta hacerlo. Y aunque no me gustara tendría de todos modos que hacerlo.”

[…]

Caminamos ahora en cuatro patas como los perros. Sí, si mal no recuerdo, los perros eran unos bichos que caminaban en cuatro patas, igual que las mariposas. Eso me parece, aunque no sé, hace ya tanto tiempo que nos comimos el último perro que se atrevió a ladrarnos, que realmente ya no recuerdo cuál era la figura que tenía. Aunque me parece que era así: tenía una cara muy blanca y casi siempre sonreía; caminaba en cuatro patas, no porque no pudiera caminar en dos (pues cuando quería podía volar y todo), sino porque era muy cobarde y se sentía muy inseguro cuando andaba en dos patas. El último perro que hubo en el mundo, según me ha contado por señas mi abuelo, andaba arrastrándose por el suelo, como un majá, por el miedo que le había cogido a todas las cosas”.

 

 

 

 

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