Ubicada en el Vaticano se encuentra la Capilla Sixtina, inicialmente conocida como Capilla Magna, el Papa Sixto IV della Rovere (pontífice desde 1471 hasta 1484) la mandó reestructurar para dar lugar a la gran edificación que —casi— todos conocemos.

Sin embargo, no vale la pena que yo te cuente la historia cuando en tu ciudad está la réplica de la misma y puedes verla con lujo de detalle. Se encuentra ubicada frente al Monumento a la Revolución y la entrada es completamente gratuita. Claro que una oportunidad así no se puede desperdiciar, sobre todo si nuestra economía no da para viajar al Vaticano para pasar el fin de semana, por lo que me lancé y así lo viví.

Primero investigué el proyecto

Antes que nada, entérate como inició todo, ya que esa información no te la darán ahí. La reproducción tiene una altura de 22 metros, 67 de largo y 28 de ancho, con una superficie de 510 metros cuadrados. Todos los frescos —pinturas— están reproducidos en su tamaño original, y dentro de los mismos se encuentran algunas de las obras más representativas de la historia del arte, entre las cuales se incluye El Juicio Final de Miguel Ángel Buonarroti.

Foto: Vanidades

Antonio Berumen, miembro del Comité Organizador de esta muestra tuvo la iniciativa de recrearla, logrando que el Vaticano diera los permisos para llevar a cabo el proyecto por diferentes partes de la república. El montaje está hecho 100% por mexicanos, quienes se encargaron de fotografiar y reproducir cada parte de la capilla en tela, así como del montaje metálico y la estructura del lugar.

El recorrido

Lo primero que encontré al entrar es una puerta de madera con una cortina de terciopelo negro, sobre la cual están colocadas cuatro pantallas distribuidas alrededor de todo el lugar, la cual te contará la historia del sitio original, así como la de Miguel Ángel Buonarroti.

Después de aproximadamente 15 minutos casi estaba ahí se abrió la puerta tras la que pude visualizar un piso de cristal con el cual debía ser muy cautelosa —no se permite el acceso con tacones por lo mismo—, seguido por un aroma que yo percibí como a libros viejos, así como dos figuras de cera que representan guardias. Ni qué decir de las obras que vas a apreciar. La verdad yo estaba maravillada.

Foto: Konbini

Tuve cinco minutos para mirarla, porque luego ¡fuera luces!, pero no del todo, pues un reflector fue iluminando poco a poco fresco por fresco mientras escuchaba una grabación que me explicó detalladamente la composición de todo lo que veía a mí alrededor acompañada por música que me transportó a otra época.

Cabe recalcar que no soy una persona muy apasionada por el arte, ni tampoco super conocedora, por lo que la sorpresa que me llevé fue grata al notar lo complacida que salí.

Pequeñas recomendaciones

  • A pesar de que disfruté mucho cada parte del recorrido —y en especial toda la explicación de El Juicio Final— no pude evitar notar que acuden personas que se están quejando de lo que están viendo porque les aburre o solo no les gusta. Lo cual es realmente molesto, no estás pagando por una entrada, pero si vas a estar ahí creo que se debe respetar a los demás y su experiencia. Por ello les recomiendo ir convencidos o mantenerse en silencio, ya que es no es grato para todos escuchar comentarios tan despectivos mientras se observa la exposición.
  • Reserva tu boleto si quieres ahorrarte entre 3 y 5 horas de tu tiempo en la fila, la cantidad de personas que asiste es impresionante. En caso de que sigas mi consejo anterior, debes estar ahí 40 minutos antes de tu acceso con una identificación oficial; y la fila que harás será de aproximadamente 20 minutos.
  • No olvides que está prohibido tomar fotografías —por eso mismo no encuentras en internet— o audio del lugar debido a los permisos de reproducción otorgados.

Y listo, ahora que ya sabes todo lo necesario decide si quieres, prepárate, disfrútala y cuéntanos cómo te fue.

Fuentes: Excelsior, CNN

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