Este domingo se realizó el concierto One Love Manchester, evento en el que varios artistas británicos y de otros países se dieron cita con un solo motivo: recaudar fondos para apoyar a las familias de las víctimas que dejó el lamentable ataque terrorista, suscitado el pasado 22 de mayo durante un concierto que la cantante de pop Ariana Grande ofreció en dicha ciudad y donde 23 personas -entre las que se encontraban adolescentes menores de edad- perdieron la vida y decenas más resultaron heridas.

Apenas en noviembre de 2015, una tragedia de mayor magnitud ocurrió en el teatro Bataclán de París, Francia cuando un grupo de terroristas tomaron por asalto el recinto mientras la banda norteamericana de rock Eagles of Death Metal ofrecía una presentación ante miles de asistentes. Los atacantes tomaron control del lugar por varios minutos durante los cuales asesinaron sin piedad a 90 personas, incluyendo a un miembro del staff del grupo.

Este par de lamentables acontecimientos han sido los más recientes de muchos otros donde la música se ha visto empañada de dolor, pues los que deberían haber sido conciertos llenos de alegría para los artistas y el público, terminaron por convertirse en terribles pesadillas para los ahí presentes y las familias de aquellas mujeres y hombres que ya jamás pudieron volver a sus hogares.

Otro de los eventos más recordados por haber concluido en tragedia fue el Altmont Speedway Free Festival, donde bandas como Santana, Jefferson Airplane y The Rolling Stones se presentaron ante un estimado de 300 mil personas. La mala organización del festival suscitó diversos problemas; sin embargo, el más grave fue durante la actuación de los Stones cuando Meredith Hunter, un hombre afroamericano que se vio enfrascado en una riña con los Hells Angels -grupo de motociclistas que fue contratado por la banda para su seguridad- fue asesinado.

Tal acontecimiento quedó registrado en video y formó parte del documental Gimme Shelter; su repercusiòn fue tal que se le considera como uno de los factores que contribuyeron al final de la era hippie, pues aquello que inicialmente pretendió ser un movimiento donde la paz y el amor fueran los principales protagonistas, se convirtió en un pretexto para consumir drogas en exceso y cometer todo tipo de abusos y crímenes.

Pero no todas las tragedias son a causa de odios o peleas, también han existido otras donde la negligencia resulta ser el principal enemigo; el más claro ejemplo de ello sucedió en febrero de 2003 durante una presentación de la banda estadounidense Great White en un club llamado The Station en Rhode Island. De manera irresponsable, la banda utilizó pirotecnia dentro del recinto, lo que provocó que los materiales aislantes de sonido se incendiaran casi de manera instantánea y en cuestión de minutos el fuego invadió todo el lugar.

A causa del incendio y la desesperación de los asistentes por abandonar el recinto -lo cual causó una estampida-, 100 personas fallecieron aquella noche y 230 más resultaron heridas. Una situación de iguales características ocurriría en Buenos Aires, Argentina un año después, cuando el club República Cromañón se incendió durante un concierto de la banda Callejeros. 194 personas fallecieron en dicho incidente.

Sin importar la causa, ese tipo de situaciones siempre serán motivo de tristeza e indignación, y al tratarse de eventos que -en algunos casos- no pueden preverse, sólo resta desear que no vuelvan a ocurrir nunca más en ningún país del mundo.

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